La situación del sector ganadero en Tarija se ha visto impactada por los recientes bloqueos de caminos que han afectado la circulación de productos ha
La situación del sector ganadero en Tarija se ha visto impactada por los recientes bloqueos de caminos que han afectado la circulación de productos hacia otros mercados del país. Esta problemática ha generado un exceso de ganado vacuno en la región, lo que ha llevado a una reducción del precio del kilo gancho en un 10%. Sin embargo, a pesar de esta disminución en el costo para los productores, los precios al consumidor final se mantienen sin cambios significativos.
Richard Flores, presidente de la Federación de Ganaderos de Tarija (Fegatar), explicó que los bloqueos han impedido el abastecimiento normal hacia mercados importantes como Oruro, Potosí y La Paz. Como resultado, el ganado permanece en Tarija, lo que ha creado un sobreabastecimiento que ha llevado a los ganaderos a ajustar sus precios. El kilo gancho, que anteriormente se comercializaba a 34 bolivianos, ahora se encuentra en alrededor de 29 bolivianos, dependiendo de la calidad del ganado.
A pesar de esta rebaja en el precio del ganado, Flores enfatizó que los beneficios no han llegado al consumidor final. Las carnicerías locales han mantenido sus precios altos para los productos cárnicos, lo que genera una desconexión entre el costo para los productores y el precio al público. Según Flores, este incremento en los precios por parte de las carnicerías no refleja la realidad actual del mercado ganadero.
El dirigente también destacó que semanalmente se comercializan aproximadamente 700 cabezas de ganado vacuno en Tarija para abastecer tanto el mercado local como regiones mineras en Potosí y partes de Chuquisaca. Sin embargo, con el ganado estancado debido a las restricciones en el transporte, es probable que esta situación continúe afectando tanto a productores como a consumidores.
En cuanto a los precios actuales de la carne de res en las carnicerías tarijeñas, estos permanecen estables y sin variaciones. El kilo de carne molida se vende a 50 bolivianos; la carne blanda oscila entre 74 y 80 bolivianos; mientras que la carne destinada para asado se encuentra entre 60 y 68 bolivianos. Esta falta de ajuste en los precios al consumidor plantea interrogantes sobre la dinámica del mercado cárnico y cómo las condiciones externas pueden influir en los costos finales para el público.



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