El aumento de enfermedades crónicas como la diabetes, los trastornos cardiovasculares y la obesidad ha llevado a una creciente búsqueda de alternativa
El aumento de enfermedades crónicas como la diabetes, los trastornos cardiovasculares y la obesidad ha llevado a una creciente búsqueda de alternativas saludables en la alimentación. En este contexto, los alimentos con principios activos y los nutracéuticos están ganando relevancia, apoyados por estudios científicos que verifican su eficacia en la mejora de la calidad de vida y en el fomento de hábitos saludables.
Leslie Vidaurre, docente y mentora de la carrera de Bioquímica y Farmacia en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), destaca las características que diferencian a estos productos de los alimentos convencionales. Según Vidaurre, los alimentos con principio activo no solo cumplen una función nutritiva, sino que también contienen compuestos bioactivos naturales que pueden tener efectos beneficiosos sobre la salud. Estos compuestos contribuyen a la prevención de enfermedades y al mantenimiento de funciones fisiológicas específicas. Entre ellos se encuentran los polifenoles, flavonoides, carotenoides y ácidos grasos esenciales.
Por su parte, los nutracéuticos representan una categoría distinta a los alimentos funcionales. Estos son productos elaborados a partir de alimentos o sus compuestos bioactivos, que se aíslan y concentran para ser presentados en formas como cápsulas o tabletas. Su finalidad es complementar la dieta y proporcionar beneficios específicos para la salud.
La relevancia de estos compuestos bioactivos está respaldada por evidencia científica. Sustancias como polifenoles, antioxidantes, probióticos, fibra soluble y ácidos grasos esenciales han demostrado su capacidad para reducir factores de riesgo asociados con enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos e inflamaciones, lo que contribuye al mantenimiento del bienestar general.
Marie Paulette Étienne, médica nutrióloga especializada en sobrepeso y obesidad con más de diez años de experiencia en el campo, resalta que estos compuestos operan desde el nivel celular. Participan en procesos cruciales para el funcionamiento del organismo. Por ejemplo, menciona que el licopeno presente en el tomate actúa como un potente antioxidante que protege las células.
Además, Étienne enfatiza que los nutracéuticos son fuentes concentradas de principios activos presentes en los alimentos. Se utilizan con fines terapéuticos para complementar tratamientos médicos o corregir deficiencias nutricionales bajo supervisión profesional.
La tendencia hacia el consumo de alimentos funcionales y nutracéuticos está experimentando un crecimiento sostenido. Esta expansión es impulsada por una mayor conciencia sobre la prevención de enfermedades y un interés creciente por soluciones naturales que promuevan un envejecimiento saludable. La consultora Fortune Business Insights ha proyectado un aumento significativo en este sector; se estima que el mercado global alcanzará los 398.810 millones de dólares para 2025 y superará los 983.170 millones de dólares hacia 2034.
Este auge también ha generado una demanda creciente por profesionales capacitados en investigación, desarrollo y producción dentro del ámbito de alimentos funcionales y nutracéuticos. En respuesta a esta necesidad del mercado laboral, las carreras ofrecidas por Unifranz están evolucionando continuamente para formar expertos capaces de afrontar los desafíos actuales y liderar futuras oportunidades.
El tema de Alimentos con Principios Activos y Nutracéuticos forma parte integral del currículo académico en Bioquímica y Farmacia en Unifranz. Este enfoque educativo proporciona a los estudiantes conocimientos especializados en un campo cada vez más relevante, lo que no solo fortalece su perfil profesional sino que también amplía sus oportunidades laborales.
Vidaurre subraya la importancia del desarrollo innovador dentro del sector alimentario: “Es posible crear alimentos innovadores con valor agregado orientados a mejorar la nutrición y prevenir enfermedades”. Este enfoque no solo apunta a mejorar la salud pública sino también a fomentar un entorno donde el conocimiento científico se traduzca en soluciones alimentarias con impacto social y económico significativo.



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