La trágica muerte de una niña de tan solo 4 años en Yacuiba ha generado una profunda conmoción en el departamento de Tarija y ha resonado en todo el p
La trágica muerte de una niña de tan solo 4 años en Yacuiba ha generado una profunda conmoción en el departamento de Tarija y ha resonado en todo el país. La menor fue llevada sin vida a un centro médico en San José de Pocitos el 15 de abril, en brazos de su padre, Juan Marcelo Robles, un argentino de 30 años. La llegada al establecimiento se produjo alrededor de las 13:40, donde la médica Vilma Aguirre Flores intentó reanimarla y proporcionarle oxígeno, pero lamentablemente, la niña ya no presentaba signos vitales.
El desenlace se tornó aún más trágico cuando, tras enterarse del fallecimiento de su hija, Robles ingresó al área donde se encontraba el cuerpo y se disparó en la cabeza. Este acto desesperado llevó a las autoridades a activar un equipo multidisciplinario integrado por fiscales, médicos forenses, Policía y la Defensoría de la Niñez para investigar las circunstancias que rodean esta tragedia familiar.
La autopsia realizada a la niña reveló hallazgos alarmantes. Según el fiscal departamental de Tarija, Ernesto Mogro, el cuerpo presentaba evidencias claras de violencia prolongada. Se identificaron lesiones tanto recientes como antiguas que apuntan a un patrón de maltrato sistemático. Se pudo advertir que la niña presentaba lesiones de edad antigua como también de edad reciente, declaró Mogro, quien explicó que las cicatrices en la cabeza y las costillas rotas sugieren que la menor podría haber estado sufriendo el llamado síndrome del niño maltratado.
El informe forense también detalló que la causa de muerte fue anoxia encefálica, restricción a la dinámica respiratoria y asfixia mecánica por compresión torácico-abdominal. Vale decir que la niña ha sido flagelada ese día por parte del padre, afirmó contundentemente el fiscal.
Las investigaciones apuntan a que la menor había sido objeto de agresiones constantes durante un período prolongado. Esto se evidencia por las numerosas lesiones antiguas encontradas en su pequeño cuerpo. El Ministerio Público ha declarado su intención de seguir indagando en el entorno familiar de la víctima, a pesar del fallecimiento del principal sospechoso.
Mogro expresó su inquietud ante el hecho de que nadie pareciera haber notado las evidentes lesiones visibles que presentaba la niña. Las primeras averiguaciones indican que desde hace aproximadamente cuatro años, ella vivía únicamente con su padre debido a que su madre está recluida en una prisión en Oruro.
Los testimonios recabados entre los familiares también han contribuido a establecer que la menor y su padre habitaban en una habitación pequeña en Yacuiba. Durante una inspección realizada por las autoridades, se constató que ambos compartían una sola cama y se incautaron documentos personales relevantes, como la libreta escolar de la niña y sus certificados de vacunación.
Estamos hablando de una familia disfuncional, comentó Mogro, quien añadió que la abuela materna había manifestado su incapacidad para cuidar a la niña debido a sus responsabilidades con otros nietos.
El Ministerio Público ha asegurado que continuará con sus investigaciones para determinar si hubo algún tipo de omisión o negligencia por parte de personas cercanas a la menor y si alguien pudo haber advertido sobre las agresiones sufridas antes del fatal desenlace.



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