El proyecto que Xabi Alonso inició en el Real Madrid atraviesa una etapa crítica, con resultados recientes que han puesto en entredicho su continuidad
El proyecto que Xabi Alonso inició en el Real Madrid atraviesa una etapa crítica, con resultados recientes que han puesto en entredicho su continuidad al frente del equipo. La derrota frente al Celta ha intensificado la presión sobre el entrenador, mientras el club analiza la posibilidad de hacer cambios tras un mes de noviembre complicado.
Desde su llegada el pasado verano, Alonso fue designado con la misión de renovar la dinámica del vestuario, considerado por la dirigencia como demasiado acomodado bajo la dirección anterior. La intención era que los jugadores se adaptaran a su estilo, y no al contrario, buscando un perfil de técnico más firme y menos gestor. Sin embargo, desde los primeros encuentros comenzaron a surgir tensiones con algunos futbolistas, lo que generó dudas internas sobre la elección del entrenador.
Uno de los primeros conflictos notables se produjo con Vinicius Jr., quien mostró descontento desde el Mundial de Clubes al percibir una pérdida de protagonismo en el equipo, especialmente tras la consolidación de Mbappé como figura central del proyecto. Las discrepancias se acentuaron con las decisiones tácticas que implicaban suplencias y sustituciones del brasileño, alcanzando un punto crítico durante el Clásico, cuando Vinicius abandonó el campo visiblemente molesto y se retiró directamente al vestuario. Aunque posteriormente emitió un comunicado pidiendo disculpas sin mencionar a Alonso, el club optó por respaldar al entrenador, aunque sin intervenir directamente en la situación, lo que evidenció una aparente falta de apoyo contundente hacia el técnico.
Además de estos roces con Vinicius, Alonso ha enfrentado dificultades para consolidar su autoridad con otros jugadores clave como Bellingham y Valverde. En paralelo, comenzaron a filtrarse informaciones desde el interior del vestuario que señalaban el descontento de los futbolistas con ciertos métodos del entrenador, especialmente en relación a la carga táctica y el uso de vídeos analíticos, lo que alimentó la percepción de una posible resistencia interna hacia su gestión.
Consciente de la necesidad de revertir la situación, Alonso promovió encuentros y diálogos con el plantel, destacando una reunión en Atenas antes del partido contra el Olympiacos. Estos esfuerzos dieron frutos momentáneos, ya que el equipo logró una victoria ajustada en Grecia, lo que parecía indicar una mejora en la cohesión interna y un posible acercamiento con Vinicius. Sin embargo, esta mejoría fue efímera. Tras empatar en Girona y vencer en San Mamés, el equipo sufrió una nueva derrota en el Bernabéu frente al Celta, que volvió a poner en evidencia las fracturas dentro del grupo.
En el seno del club, la responsabilidad de la crisis actual se atribuye tanto al cuerpo técnico como a los jugadores, sin que haya una postura clara que depare un respaldo total a Alonso. La reacción del plantel ha sido escasa, con solo Courtois manifestándose públicamente en redes sociales para solicitar que se saquen conclusiones, mientras el resto del equipo permanece en silencio, lo que refleja la distancia creciente entre el entrenador y sus dirigidos.
Este escenario plantea un futuro incierto para Xabi Alonso en el Real Madrid, con la necesidad de encontrar soluciones rápidas para recuperar la estabilidad y el rendimiento del equipo, en un contexto donde la relación entre técnico y vestuario parece estar en uno de sus puntos más bajos




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