La transformación en los hábitos de consumo se manifiesta en los hogares, donde el uso de envases plásticos desechables y bolsas de un solo uso está d
La transformación en los hábitos de consumo se manifiesta en los hogares, donde el uso de envases plásticos desechables y bolsas de un solo uso está dando paso a alternativas más sostenibles. Recipientes reutilizables, que antes apenas se utilizaban para compras, ahora asumen un papel central en la gestión de provisiones, reflejando una creciente conciencia ambiental.
Esta evolución hacia un consumo más responsable es impulsada por iniciativas como Eco Zero Waste, una plataforma en línea que ofrece una gama de productos reutilizables. Su fundadora, Paola Morales, enfatiza que el cambio real emana de la modificación de los hábitos individuales. Los plásticos de un solo uso, conocidos también por sus siglas en inglés SUP (Single Use Plastics), representan un grave desafío ambiental y sanitario. Su vida útil promedio es de apenas veinte minutos antes de ser desechados, pero persisten en el ecosistema por más de un milenio.
Las estrategias de cero desperdicio promueven el uso de objetos y recipientes reutilizables, así como las compras a granel para rellenar envases existentes. Este enfoque busca minimizar la generación de residuos y está ganando tracción globalmente, incluyendo Bolivia. Se ha demostrado que estas prácticas pueden reducir la dependencia de los plásticos de un solo uso en más de un 60%. Un informe de 2021 destacaba que sistemas de reutilización eficientes y escalables tienen el potencial de eliminar hasta el 75% de la producción de envases plásticos, una industria que genera cuatro veces más emisiones de gases de efecto invernadero que el sector aéreo. Además, un estudio de 2023 reveló que ni siquiera el reciclaje puede contener la descontrolada producción de plásticos desechables, la cual podría triplicarse para 2050. Por ello, la solución debe atacar la raíz del problema: la producción.
En su oficina, adornada con el logo de su empresa, Paola exhibe una variedad de productos: botellas y vasos plegables de silicona apta para alimentos, bombillas metálicas, esponjas vegetales, desmaquillantes de franela absorbente, cepillos de dientes de bambú, bolsas de tela y tuppers plegables. Su compromiso personal con el cero desperdicio es evidente; las cuatro cajas de madera que utiliza para almacenar residuos reciclables en su cocina, que antes llenaba cada tres meses, ahora tardan casi un año en completarse, un testimonio de su estricta reducción de desechos.
La búsqueda de soluciones sostenibles también inspiró a Estefany Sánchez, una ingeniera ambiental recién egresada que, durante la pandemia, orientó su interés hacia los negocios ecológicos. Así nació Muyu Market, una empresa que comercializa champús, acondicionadores, jabones líquidos y lavavajillas bajo un modelo de recarga. Los clientes pueden rellenar sus propios envases en dispensadores equipados con grifos. Actualmente, Muyu Market opera cinco estaciones de recarga distribuidas en puntos clave de La Paz, como Calacoto, San Pedro, Sopocachi, Miraflores y el Cruce de Villa Copacabana. Estefany observa que, desde que adoptó este modelo en su hogar, la cantidad de basura generada se ha reducido drásticamente. Se estima que la capital boliviana produce una cantidad de plástico equivalente a la carga de 4.000 camiones cada día.
Las cifras sobre residuos plásticos en Bolivia son alarmantes. En 2024, la Alcaldía de La Paz calculó que entre 30 y 50 toneladas de plástico eran desechadas diariamente en el municipio. En 2020, los plásticos representaban el 9% de los residuos enviados al relleno sanitario de Alpacoma. A nivel nacional, se estima que entre el 10% y el 12% de las 5.600 toneladas de desechos sólidos que el país genera cada día son plásticos, una cifra que probablemente es mucho mayor en la actualidad, considerando que los datos de referencia datan de 2014 a 2017. En 2014, cada boliviano utilizaba un promedio de 370 bolsas plásticas al año. A escala global, la producción anual de plásticos supera las 380 millones de toneladas, de las cuales al menos el 40% corresponde a plásticos de un solo uso.
Estos materiales, una vez desechados, se encuentran en prácticamente todos los rincones del planeta, desde las profundidades de la Fosa de las Marianas hasta las nubes atmosféricas. Los microplásticos, fragmentos diminutos de plástico, han sido detectados incluso en la placenta humana, la leche materna y el cerebro. Los daños a la fauna son extensos; se prevé que para 2050, el 99% de las aves marinas habrán ingerido algún tipo de plástico. Los químicos presentes en estos materiales se dispersan en la tierra, el agua y el aire. Aunque los estudios sobre el impacto directo en la salud humana aún no son concluyentes, la omnipresencia de microplásticos y sus componentes tóxicos en nuestro entorno y dentro de nuestro cuerpo representa un claro factor de riesgo, con potencial para causar desde problemas degenerativos hasta cáncer. Un informe del Center for International Environmental Law subraya que, desde su extracción (a partir de combustibles fósiles) hasta su disposición final, los microplásticos pueden ser absorbidos por el cuerpo humano a través de la inhalación, ingestión y contacto dérmico, con riesgos que incluyen toxicidad neurológica y reproductiva, afectación de sistemas orgánicos vitales, inflamación y genotoxicidad. El documento concluye que el plástico es una amenaza global para la salud humana, y su reducción requiere frenar y revertir la tendencia creciente de fabricación, uso y desecho de este material.
En esta lucha, las alternativas reutilizables emergen como la opción más prometedora, capaces de eliminar más del 60% de los plásticos de un solo uso. La implementación de tiendas sin envases se presenta como una medida innovadora para reducir el consumo de plásticos desechables, al ofrecer a los consumidores la opción de adquirir productos a granel o en empaques alternativos.
La integración de los plásticos de un solo uso en nuestra vida diaria es tan profunda que a menudo los utilizamos de manera inconsciente, e incluso innecesaria. Una reflexión sobre las prácticas pasadas, como llevar una olla de aluminio para recoger el almuerzo, contrasta con la realidad actual de recibir múltiples envases plásticos para una sola comida. Un estudio de percepción de 2021 reveló que las principales razones para usar plásticos de un solo uso son que los comercios los entregan, la falta de una alternativa clara, y su percibida practicidad. Sin embargo, este mismo estudio indicó que la población se muestra favorable a la reducción, con una percepción generalizada de que las bolsas plásticas deberían ser reemplazadas por opciones de tela, papel o cartón.
Frente a la peligrosidad de los plásticos de un solo uso para el medio ambiente y la salud, varios países han implementado medidas legislativas exitosas para prohibirlos. En Bolivia, el Senado aprobó recientemente una ley para fomentar el uso de alternativas biodegradables o reutilizables a las bolsas plásticas, y una normativa similar fue aprobada a nivel departamental en La Paz. No obstante, la efectividad a largo plazo de estas leyes es incierta. Expertos en residuos sólidos señalan que cualquier legislación debe ir acompañada de una estrategia educativa y de concientización constante, no esporádica, que se arraigue en la mentalidad colectiva, especialmente en las nuevas generaciones. La constancia en estas campañas es crucial, requiriendo al menos cinco años para consolidar un cambio. Para avanzar en la reducción de plásticos desechables, se necesitan cuatro elementos clave: educación continua, disponibilidad de alternativas, apoyo de la industria y las empresas, y la aplicación de normas consensuadas y efectivas. El consumidor juega un papel fundamental; una mayor demanda de productos sostenibles impulsará una mayor oferta.
A nivel global, la industria a menudo promueve el reciclaje, pero los especialistas advierten que esta debe ser la última fase en el tratamiento de residuos. La jerarquía correcta es reducir, reutilizar, reciclar. Solo aquellos materiales que no puedan ser evitados o reutilizados, por razones de salud o practicidad, deberían pasar a la fase de reciclaje. Los productos reutilizables no solo disminuyen la generación de residuos, sino que también reducen otros impactos negativos en la naturaleza. Un informe de una organización sin fines de lucro confirma que los productos reutilizables tienen una huella ambiental menor que los plásticos de un solo uso en todos los aspectos, incluyendo emisiones, consumo de agua, extracción de recursos, generación de residuos y contaminación plástica. El consumo de agua para lavar los reutilizables es mínimo con lavavajillas comerciales eficientes, mientras que los desechables tienen una huella hídrica mucho mayor debido a sus procesos de producción




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