Un operativo conjunto entre la dirección de Zoonosis y la Policía de Cochabamba resultó en el rescate de 21 perros que vivían en condiciones deplorabl
Un operativo conjunto entre la dirección de Zoonosis y la Policía de Cochabamba resultó en el rescate de 21 perros que vivían en condiciones deplorables en un inmueble ubicado en Cala Cala. La intervención se llevó a cabo tras varias denuncias de vecinos que alertaron sobre el constante ladrido de los canes, así como por la grave contaminación ambiental que generaban los malos olores provenientes del lugar.
Los perros, que pertenecen a diversas razas, se encontraban hacinados en un espacio reducido y eran sometidos a una explotación animal sistemática, ya que eran utilizados para una reproducción indiscriminada sin ningún tipo de cuidado adecuado. Daniel Prudencio, jefe de Zoonosis de la Alcaldía de Cochabamba, explicó que aunque los animales no presentaban signos visibles de maltrato físico, su condición de hacinamiento era alarmante. A pesar de las afirmaciones de la propietaria del inmueble, quien aseguraba alimentar a los perros cada mañana antes de salir, los canes no contaban con agua ni comida suficiente.
La situación fue particularmente preocupante dada la ubicación del criadero clandestino en una zona urbana densamente poblada. Los constantes ladridos y el mal olor generaron un ambiente insalubre para los vecinos, quienes finalmente decidieron actuar al ver el sufrimiento animal. Prudencio enfatizó que la responsabilidad recae completamente en la dueña del inmueble y no en los perros, quienes simplemente estaban reaccionando al estrés extremo provocado por su entorno.
La propietaria del lugar, una persona de la tercera edad, fue notificada después del rescate. Al ser confrontada por las autoridades y los rescatistas, permitió el ingreso a su propiedad. Durante el operativo se constató un alarmante estado de hacinamiento y una clara violación a los derechos básicos de los animales. Prudencio destacó que esta situación refleja una explotación económica en lugar de un respeto hacia la vida animal.
Los perros rescatados presentaban un cuadro preocupante: convivían en un espacio limitado donde se procreaban sin control alguno. A pesar de no estar físicamente lastimados, su bienestar estaba comprometido por las condiciones en las que vivían.
Las sanciones para la dueña podrían ser severas; se prevé una multa que asciende a 500 bolivianos por cada perro rescatado y es probable que se le prohíba tener animales en el futuro. En cuanto al destino de los perros rescatados, las autoridades han decidido no ponerlos en adopción inmediata. Esto se debe a la necesidad urgente de llevar a cabo un control epidemiológico y clínico exhaustivo, así como procedimientos de esterilización para evitar futuras situaciones similares.
Prudencio concluyó afirmando que es crucial garantizar el bienestar animal y prevenir cualquier forma de explotación. Los perros necesitarán tiempo para recuperarse antes de considerar su adopción, y es fundamental asegurarse de que estén completamente sanos y listos para una nueva vida lejos del sufrimiento al que estaban sometidos.



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