Pobladores del Trópico se movilizan ante temor de captura de Evo Morales

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Pobladores del Trópico se movilizan ante temor de captura de Evo Morales

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La jornada en el Trópico de Cochabamba se desarrolló bajo un ambiente de tensión y vigilancia constante, marcado por la presencia inusual de efectivos

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La jornada en el Trópico de Cochabamba se desarrolló bajo un ambiente de tensión y vigilancia constante, marcado por la presencia inusual de efectivos antidrogas, autoridades nacionales y equipos de prensa que generaron un estado de alerta entre los comunarios y cocaleros afines al exmandatario Evo Morales. Durante todo el día, hombres y mujeres se mantuvieron en vigilia, sentados en el suelo, sobre frazadas o aguayos, o en sillas bajo carpas improvisadas, observando detenidamente cada movimiento que se registraba en la región, especialmente el paso de vehículos motorizados. Esta actitud refleja una clara intención de impedir cualquier intento que pudiera derivar en la captura del líder cocalero, quien enfrenta una orden de aprehensión pendiente por delitos de índole sexual.

El escenario se complejizó desde temprano cuando una comitiva oficial partió desde la capital cruceña hacia la base militar ubicada en Chimoré, zona estratégica del Trópico cochabambino. La misión oficial era llevar adelante un acto destinado a la erradicación de cultivos ilícitos de hoja de coca en el sector. Sin embargo, la población local ya estaba advertida sobre la actividad planificada y respondió con medidas precautorias. A lo largo del trayecto que une la comunidad Valle Sacta con Chimoré, se pudieron observar varios puntos de vigilia donde grupos de aproximadamente 50 personas se apostaron pacíficamente al costado de la carretera para monitorear cualquier acción gubernamental.

La concentración más numerosa se registró en las inmediaciones del cuartel militar donde se desarrolló el acto oficial. Allí, los comunarios no solo permanecieron expectantes sino que solicitaron a las autoridades presentes —entre ellas el ministro de Gobierno Marco Antonio Oviedo y el viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas Ernesto Justiniano— permiso para participar en la actividad pública. Este gesto facilitó que las tareas oficiales se llevaran a cabo con normalidad aparente, pero sin que los cocaleros perdieran su postura vigilante ni su inquietud sobre las verdaderas intenciones detrás del operativo.

La percepción predominante entre los comunarios es que cualquier movimiento policial o gubernamental dentro del Trópico está estrechamente vinculado al retorno operativo de la agencia antidrogas estadounidense DEA al país, así como a una posible búsqueda para localizar el refugio del exmandatario Evo Morales. Este temor genera un clima permanente de desconfianza hacia las fuerzas estatales y hacia los medios presentes, quienes fueron objeto frecuente de observación e incluso grabaciones con teléfonos celulares por parte de los pobladores.

Tras concluir el acto protocolar de erradicación en la comunidad Mariposas, EL DEBER pudo constatar cómo paulatinamente disminuían las concentraciones vigilantes a lo largo del trayecto. La mayoría de quienes permanecían en los puntos estratégicos eran adultos que mantenían una vigilia pacífica pero firme; algunos manifestaban molestia ante la presencia cercana de autoridades y periodistas ajenos al entorno local. Además, varios vehículos estaban destinados a facilitar sus desplazamientos dentro del área para mantener esta vigilancia activa durante toda la jornada.

Este episodio pone en evidencia las complejas relaciones entre las comunidades cocaleras del Trópico cochabambino y las instituciones estatales encargadas del control antidrogas y seguridad nacional. La persistente orden judicial contra Evo Morales añade un componente político sensible a cualquier intervención gubernamental en esta región emblemática para el cultivo tradicional e ilegal de hoja de coca. Para los comunarios afines al exmandatario, estas acciones no solo representan una amenaza directa a su líder sino también a su modo tradicional de vida y organización social.

En definitiva, lo ocurrido este jueves refleja cómo un operativo oficial aparentemente rutinario para erradicar cultivos puede convertirse en un foco regional donde convergen intereses políticos nacionales, tensiones sociales profundas y una vigilancia comunitaria constante que busca proteger tanto sus derechos como sus referentes políticos ante lo que perciben como posibles atropellos o persecuciones judiciales selectivas. Esta dinámica mantiene al Trópico cochabambino como un escenario clave dentro del complejo entramado político-social boliviano contemporáneo

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