El sábado por la tarde, el presidente Rodrigo Paz, acompañado por su familia, se asomó al balcón del Palacio Quemado para saludar a una considerable c
El sábado por la tarde, el presidente Rodrigo Paz, acompañado por su familia, se asomó al balcón del Palacio Quemado para saludar a una considerable congregación de ciudadanos. La Plaza Murillo en La Paz se llenó de simpatizantes, muchos de ellos ondeando banderas bolivianas, en una muestra de apoyo al recién investido mandatario.
Horas antes, al asumir oficialmente su cargo, el jefe de Estado había destacado la significativa presencia de múltiples misiones internacionales durante la ceremonia de transmisión de mando. Interpretó esta concurrencia como un indicio claro del renovado posicionamiento de Bolivia en el ámbito global y del creciente interés internacional en la nación.
El presidente comunicó a la multitud que, aunque el día estaba dedicado a la celebración y el domingo al descanso, la administración iniciaría su ardua labor el lunes. Aseguró que el gobierno ya se encuentra organizado, con un gabinete conformado, propuestas legislativas en desarrollo, decretos en preparación y una ruta estratégica bien definida.
Paz asume la dirección del país en un momento marcado por importantes desafíos económicos, evidenciados principalmente por la persistente escasez de divisas y la interrupción en el suministro de combustibles. Para abordar estas dificultades, se informó que, antes de su investidura oficial, el presidente había realizado viajes al exterior con el propósito de asegurar la llegada de dólares y garantizar el abastecimiento de hidrocarburos.
En ese sentido, se anunció que los camiones cisterna comenzaron a ingresar al territorio nacional la noche anterior, lo que representa un esfuerzo inmediato para mitigar el déficit de combustibles. Si bien se reconoció que una solución completa no se logrará de la noche a la mañana, se confirmó la disponibilidad de gasolina y diésel, y se prometió un proceso gradual para erradicar las largas filas en las estaciones de servicio.
Finalmente, el presidente advirtió sobre la inminencia de decisiones difíciles, enfatizando la necesidad de establecer una disciplina fiscal rigurosa para poner fin al despilfarro económico. Recalcó que los recursos públicos deben destinarse prioritariamente a servicios esenciales como la salud y la educación, así como a la generación de empleo, y no a gastos políticos superfluos. Esta declaración fue recibida con una ovación entusiasta por parte de sus seguidores




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