Fútbol boliviano revela vínculos con narco fortunas en clubes locales

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Fútbol boliviano revela vínculos con narco fortunas en clubes locales

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El entramado entre el fútbol y el narcotráfico en Sudamérica ha encontrado en la figura de Sebastián Marset un claro ejemplo de cómo una pasión nacion

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El entramado entre el fútbol y el narcotráfico en Sudamérica ha encontrado en la figura de Sebastián Marset un claro ejemplo de cómo una pasión nacional puede ser utilizada como fachada para actividades ilícitas de gran magnitud. Marset, conocido como el ‘narco fantasma’ más buscado en Latinoamérica, logró construir una compleja estructura criminal que operó tanto en Paraguay como en Bolivia, involucrando a figuras del deporte y corrompiendo la integridad del balompié regional. Su caso revela no solo la penetración del narcotráfico en ámbitos inesperados, sino también las grietas institucionales que permiten que estas redes prosperen.

El reciente pedido de captura contra Víctor Centurión, arquero paraguayo con un historial destacado en clubes de renombre como Olimpia y Guaraní, así como en la selección nacional, destapó un entramado que va mucho más allá del deporte. Centurión fue vinculado directamente con Marset y su organización criminal. Su última etapa deportiva fue en Rubio Ñu, un club que se convirtió en un instrumento clave para el lavado de dinero bajo la dirección del narco uruguayo y líder del Primer Comando Uruguayo (PCU). Esta relación entre un deportista profesional y una red criminal evidencia cómo el narcotráfico ha logrado infiltrar espacios considerados tradicionales y populares, utilizando el fútbol como canal para operaciones ilícitas.

El operativo Nexus II, desarrollado por la Policía paraguaya el 16 de febrero de 2026, se desplegó con múltiples allanamientos simultáneos destinados a capturar a Centurión. Sin embargo, el arquero logró evadir la detención inicial y solo se entregó tres días después ante las autoridades. La investigación liderada por la fiscal Ingrid Cubillas apunta a que Centurión no solo estaba involucrado pasivamente, sino que coordinaba vuelos clandestinos cargados con cocaína, abandonando así su carrera deportiva para dedicarse plenamente al tráfico de drogas. Este giro dramático desde las canchas hasta las operaciones logísticas del narcotráfico refleja cómo los vínculos entre el deporte y el crimen organizado pueden evolucionar cuando existen incentivos económicos significativos.

La investigación también reveló la participación de empresarios vinculados al fútbol que facilitaron esta red criminal. Entre ellos destaca Dionisio Manuel Cáceres Cabrera, señalado como uno de los principales articuladores junto a Marset. Aunque logró escapar durante los allanamientos iniciales, su implicación confirma la existencia de una estructura compleja que utilizaba al fútbol no solo como tapadera sino también como mecanismo para blanquear capitales provenientes del narcotráfico. Los arrestos realizados permitieron trazar conexiones directas entre estas figuras y activos inmobiliarios y vehículos de lujo cuyo origen no pudo ser justificado por las autoridades.

El comisario Fernando Ruiz Díaz explicó cómo esta organización utilizaba transferencias infladas de jugadores jóvenes hacia clubes extranjeros para lavar dinero. En particular, los movimientos hacia el Trikala griego fueron identificados como maniobras diseñadas para legitimar fondos ilícitos. Además, las comisiones pagadas a familiares cercanos reforzaban esta red familiarizada con prácticas ilegales dentro del ámbito deportivo. La llegada constante de cocaína desde Bolivia y Colombia era coordinada por Centurión mediante vuelos clandestinos; luego la droga se distribuía hacia Brasil y se vendía localmente en eventos deportivos informales dentro de Asunción y sus alrededores.

La relación entre Marset y Centurión comenzó a consolidarse en junio de 2021 cuando el narcotraficante tomó control operativo sobre Rubio Ñu tras convertirse en inversor principal del club. En ese momento Marset aún no era una figura pública dentro del mundo criminal pero rápidamente impuso su dominio utilizando al club como vehículo para sus operaciones ilícitas. El fichaje estratégico de jugadores veteranos sin costo para reemplazar a jóvenes transferidos demostró su capacidad para manipular estructuras deportivas con fines económicos ilegales.

Posteriormente, Marset trasladó sus operaciones hacia Santa Cruz, Bolivia, donde continuó su actividad bajo una identidad falsa, haciéndose pasar por brasileño con el nombre Luis Amorim. Allí volvió a involucrarse en el fútbol local mediante el club Los Leones El Torno FC mientras mantenía una vida familiar aparentemente normal junto a su esposa e hijos. Sin embargo, tras un año estableciendo redes deportivas y técnicas dentro del club boliviano desapareció sin dejar rastro en julio de 2023.

Este caso expone además otro aspecto crítico: la utilización estratégica de rutas fluviales para facilitar el tráfico internacional de drogas. Marset aprovechó la Hidrovía Paraná-Paraguay para enviar grandes cargamentos hacia puertos argentinos antes de llegar a Europa camuflados entre productos legales como harina o azúcar. Esta vía fluvial es vital para comprender cómo operan estas organizaciones transnacionales que combinan logística sofisticada con corrupción endémica para mantener sus negocios.

En Santa Cruz se descubrió que Marset había utilizado documentos falsificados emitidos por autoridades locales para habilitar su participación deportiva bajo otra identidad. Esto implicó complicidades institucionales que todavía están siendo investigadas; incluso un expresidente regional del fútbol boliviano está detenido por estos vínculos irregulares. La fuga abrupta de Marset dejó tras de sí una red comprometida cuyos colaboradores enfrentan ahora procesos legales.

En definitiva, este caso pone en evidencia cómo figuras públicas vinculadas al deporte pueden ser parte integral dentro estructuras criminales complejas que combinan narcotráfico con lavado de dinero mediante actividades aparentemente legítimas. La penetración del crimen organizado en ámbitos cotidianos como el fútbol representa un desafío significativo para las instituciones encargadas de combatirlo, especialmente cuando existen redes internas corruptas que facilitan estas operaciones ilegales afectando no solo al deporte sino también a toda la sociedad involucrada directa o indirectamente

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