Durante el transcurso del año 2025, el territorio boliviano experimentó una considerable actividad sísmica, según revela el informe anual elaborado po
Durante el transcurso del año 2025, el territorio boliviano experimentó una considerable actividad sísmica, según revela el informe anual elaborado por el Observatorio San Calixto. En total, se contabilizaron 2.080 movimientos telúricos distribuidos a lo largo del país, un indicador significativo que refleja la dinámica geológica bajo la superficie nacional y la importancia de mantener un monitoreo constante para la prevención y mitigación de riesgos.
El análisis detallado por regiones muestra que Potosí fue la zona más afectada en términos de cantidad de sismos, concentrando 1.526 eventos durante todo el año, lo que representa una gran mayoría del total nacional. Esta alta concentración sugiere una notable actividad tectónica en esta región, posiblemente vinculada a las características geológicas particulares de su territorio. En segundo lugar se ubicó Cochabamba con 289 movimientos sísmicos registrados, seguida por La Paz con 91 y Oruro con 74. Las demás regiones reportaron cifras menores: Santa Cruz registró 56 eventos, Chuquisaca 40, Tarija apenas 3 y Beni únicamente uno. Esta distribución evidencia una concentración marcada en ciertas áreas que requieren especial atención tanto por parte de las instituciones encargadas de la gestión del riesgo como de las comunidades locales.
El informe también desglosa la frecuencia mensual de los sismos, mostrando variaciones significativas a lo largo del año. Octubre fue el mes más activo con 222 sismos documentados, seguido muy de cerca por septiembre con 209 y noviembre con 199. Estos meses conforman un trimestre con alta actividad sísmica que podría estar relacionado con factores estacionales o movimientos específicos en las placas tectónicas que afectan al país. Los meses intermedios del año también presentaron cantidades importantes: junio con 190 eventos y agosto con 189; mientras que los meses menos activos fueron enero y febrero, con 116 y 124 sismos respectivamente. Esta información temporal es crucial para entender patrones recurrentes y para diseñar estrategias preventivas ajustadas a los periodos de mayor riesgo.
Uno de los aspectos más destacados dentro del registro sísmico anual fue el sismo profundo ocurrido en la provincia Luis Calvo, en Chuquisaca, el último día del año. Este evento tuvo lugar cerca de las 16:30 horas y alcanzó una profundidad considerablemente elevada de 612,9 kilómetros bajo la superficie terrestre, junto a una magnitud registrada de 5,3. La profundidad tan significativa clasifica este movimiento como un sismo profundo, un fenómeno menos común pero que puede ofrecer información valiosa sobre las estructuras internas del planeta y sobre cómo se propagan las ondas sísmicas a grandes distancias.
Estos datos forman parte del boletín anual emitido por la Red Sismológica del Observatorio San Calixto (RS-OSC), entidad responsable del procesamiento y análisis riguroso de todos los movimientos telúricos detectados en Bolivia durante el año 2025. Gracias a esta labor sistemática se puede contar con información precisa que no solo contribuye al conocimiento científico sino que también es fundamental para fortalecer los sistemas nacionales de alerta temprana y planes de contingencia ante desastres naturales.
En suma, el registro proporcionado por el Observatorio San Calixto pone en evidencia la relevancia que tiene para Bolivia contar con un monitoreo continuo y detallado de su actividad sísmica. La concentración geográfica y temporal identificada permite focalizar esfuerzos en las regiones más vulnerables como Potosí y Cochabamba, así como prepararse ante periodos específicos donde la actividad tiende a incrementarse. Todo ello contribuye a mejorar la resiliencia comunitaria frente a fenómenos naturales inevitables pero gestionables mediante información oportuna y adecuada planificación institucional




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