Bolivia Niños Acceden a Internet Desde los Seis Años Cuarenta Cuatro Por Ciento Contacta Desconocidos

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Bolivia Niños Acceden a Internet Desde los Seis Años Cuarenta Cuatro Por Ciento Contacta Desconocidos

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La incursión de la niñez y adolescencia en el ecosistema digital se produce a edades cada vez más tempranas, generando una serie de desafíos y riesgos

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La incursión de la niñez y adolescencia en el ecosistema digital se produce a edades cada vez más tempranas, generando una serie de desafíos y riesgos que requieren atención urgente. Una reciente investigación colaborativa ha puesto de manifiesto cómo los menores en Bolivia, desde los seis años, se sumergen en el mundo online, exponiéndose a peligros que van desde el contenido violento hasta la interacción con desconocidos y la adicción a las pantallas.

Este análisis revela que más de la mitad de los adolescentes encuestados iniciaron su experiencia en internet entre los seis y los once años, con una ligera mayor prevalencia entre los varones. La tecnología se ha integrado de tal forma en la vida cotidiana que muchos jóvenes describen su relación con las redes sociales y los videojuegos como una dependencia. Manifiestan una incapacidad para desconectarse, lo cual sugiere la presencia de patrones adictivos relacionados con el uso de pantallas. Además, el acceso a estas herramientas se enfoca predominantemente en el entretenimiento y la socialización, relegando a un segundo plano las oportunidades de aprendizaje y desarrollo académico.

Las plataformas digitales preferidas varían notablemente según el género. Mientras que YouTube y los juegos en línea captan la atención de la mayoría de los chicos, las chicas se inclinan más por TikTok, Facebook e Instagram. Sin embargo, son las adolescentes quienes muestran una mayor vulnerabilidad ante contenidos perjudiciales y riesgos de explotación sexual en el ámbito digital. Se ha observado que la exposición a mensajes discriminatorios o violentos, imágenes explícitas de violencia y material relacionado con autolesiones es significativamente alta, afectando a un porcentaje considerable de los jóvenes, con una incidencia superior en el grupo femenino para todas estas categorías de contenido negativo.

Un aspecto particularmente preocupante es la interacción con personas desconocidas. Cerca de la mitad de los adolescentes admitió haber contactado a alguien que no conocía en persona, y un porcentaje ligeramente menor llegó a concretar un encuentro físico con estas personas. Estas cifras son más elevadas en el segmento masculino y aumentan en el grupo de edad de 15 a 17 años. Esta situación agrava la preocupación por el fenómeno del *grooming*, donde adultos se acercan a menores en línea con intenciones de explotación. Se ha documentado que estos depredadores utilizan tácticas de suplantación de identidad para ganarse la confianza de los niños y niñas.

La dinámica de los algoritmos juega un papel crucial en la exposición a contenidos. Si un menor consume material violento, el sistema tiende a ofrecerle más de lo mismo, creando un ciclo de retroalimentación. Por el contrario, una orientación parental hacia contenidos constructivos puede dirigir al algoritmo a presentar material más positivo. La interacción digital moldea directamente los intereses, las referencias culturales y las formas de comunicación de los adolescentes, abriendo tanto vías para la autoexpresión como fuentes de comparación, presión social y exposición a la violencia simbólica.

Ante este panorama, se hace un llamado urgente a padres, educadores y autoridades para promover un uso responsable, supervisado y formativo del internet, fortaleciendo la alfabetización digital desde edades tempranas. Especialistas en psicología infantil enfatizan la necesidad de establecer límites claros y consistentes en el uso de dispositivos móviles, designando horarios específicos y creando espacios libres de tecnología en el hogar. Esto es fundamental para salvaguardar la salud emocional y física de los niños.

Se recomienda asignar tiempos definidos para las tareas, el ocio y los juegos, asegurándose de que el tiempo frente a la pantalla se establezca con antelación y como recompensa tras cumplir con responsabilidades escolares o domésticas. La supervisión parental activa y el acompañamiento en las actividades digitales no solo fortalecen el vínculo familiar, sino que también permiten identificar y mitigar riesgos. Asimismo, el uso de celulares antes de dormir ha sido identificado como un factor que perturba la calidad del sueño, ya que la luz azul y la estimulación de los juegos alteran la producción de melatonina, lo que puede derivar en irritabilidad y ansiedad al día siguiente.

Es crucial designar momentos y lugares donde las pantallas estén ausentes, como durante las comidas o las conversaciones familiares, y fomentar activamente actividades de ocio fuera del entorno digital, explorando y redescubriendo los intereses de los hijos. Los padres deben involucrarse en los juegos que sus hijos utilizan, no desde una postura de control, sino como un acompañamiento emocional que refuerza la conexión. Finalmente, la tecnología no debe ser percibida como una amenaza, sino como una herramienta poderosa que requiere una guía adecuada. No se trata de aislar a los niños del mundo digital, sino de equiparlos con las habilidades y el criterio para utilizarlo de manera segura, con afecto y límites bien definidos

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