La ciudad de Tarija experimenta un notable incremento en el número de establecimientos de billar, de los cuales más de la mitad operan sin la licencia
La ciudad de Tarija experimenta un notable incremento en el número de establecimientos de billar, de los cuales más de la mitad operan sin la licencia de funcionamiento requerida. Esta situación ha generado preocupación en las autoridades municipales, quienes han intensificado los controles.
La Dirección de Orden y Seguridad del Gobierno Municipal de Tarija ha señalado que, durante recientes operativos, se ha constatado la presencia de estudiantes en horario escolar dentro de algunos de estos locales. Si bien la práctica del billar puede ser vista como un pasatiempo, existe un riesgo considerable asociado al consumo de bebidas alcohólicas en estos entornos.
Un factor que contribuye a la proliferación de estos negocios irregulares es la estrategia de algunos propietarios de solicitar licencias como billares, en lugar de bares, para eludir normativas más estrictas, especialmente aquellas relacionadas con la proximidad a centros educativos. Ante esta realidad, las autoridades han anunciado la implementación de controles más rigurosos para asegurar el cumplimiento de la normativa vigente.
Asimismo, se ha iniciado un diálogo con los propietarios de los billares que sí cuentan con autorización legal para recordarles la obligatoriedad de respetar el horario de funcionamiento establecido, cuyo límite es las 23:00 horas. La normativa actual prohíbe explícitamente el consumo de bebidas alcohólicas en el interior de estos establecimientos de esparcimiento.
Las acciones de fiscalización se llevan a cabo en colaboración entre la Guardia Municipal y la Policía Boliviana, respondiendo a las denuncias ciudadanas. El procedimiento inicial consiste en la notificación para que los operadores regularicen su situación, con la advertencia de posibles sanciones o clausuras en caso de incumplimiento.
A principios de junio, se había identificado la operación de más de treinta billares en la ciudad, muchos de ellos funcionando de manera clandestina. Esta situación ha derivado en la emisión de notificaciones y, en casos de reincidencia, en la clausura de los locales.
La preocupación ciudadana se ha manifestado ante el aumento de centros nocturnos, que incluyen billares, rocolas, bares y cantinas, operando sin supervisión adecuada y fuera de los horarios permitidos. Esta situación contribuye a una percepción de inseguridad para los residentes y transeúntes. Particularmente, la Avenida Zamora ha sido identificada como una zona de alta concentración de estos establecimientos, donde los vecinos han reportado problemas recurrentes como ruidos molestos, consumo excesivo de alcohol e incidentes de inseguridad, incluyendo altercados y agresiones con armas blancas




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