Dos de las organizaciones campesinas más influyentes y tradicionales en el ámbito político boliviano, que durante años fueron pilares fundamentales de
Dos de las organizaciones campesinas más influyentes y tradicionales en el ámbito político boliviano, que durante años fueron pilares fundamentales del respaldo social al Movimiento al Socialismo (MAS), han comenzado a redefinir su relación con el poder político actual al establecer una agenda de coordinación directa con el Gobierno encabezado por el presidente Rodrigo Paz. Este giro en la dinámica política se produce en un contexto marcado por recientes tensiones sociales y demandas sectoriales que han exigido la apertura del diálogo entre las autoridades nacionales y las bases campesinas.
El presidente Paz confirmó mediante sus redes sociales que sostuvo una reunión de trabajo en la Casa Grande del Pueblo con representantes de la Federación Tupac Katari y la Federación Departamental de Mujeres Campesinas “Bartolina Sisa”. Este encuentro tuvo como objetivo principal analizar detalladamente las necesidades específicas de las 20 provincias que representan estas organizaciones, así como coordinar acciones conjuntas que atiendan problemáticas urgentes en diferentes ámbitos. La reunión contó con la participación directa de cinco ministros clave: Economía, Gobierno, Trabajo, Salud y Educación, además del diputado suplente Alejandro Medinaceli, lo que demuestra el interés del Ejecutivo por abordar integralmente los planteamientos sociales.
Durante esta cita, se abordaron temáticas cruciales para el desarrollo rural y social como el empleo, la atención en salud, el fortalecimiento educativo, la inversión productiva y la seguridad institucional. La presencia de hojas de coca y numerosas carpetas con documentación reflejó la preparación y seriedad con la que las organizaciones campesinas expusieron sus demandas. Por su parte, las autoridades gubernamentales compartieron información detallada sobre las acciones que ya están en marcha para atender estas necesidades, marcando un camino hacia acuerdos concretos.
Este diálogo se produce luego de un periodo de tensión significativa entre movimientos sociales y el Gobierno. Particularmente, se vivió un momento crítico a raíz del Decreto Supremo 5503, norma que generó rechazo masivo y fue finalmente abrogada tras una fuerte presión ejercida por la Central Obrera Boliviana (COB) respaldada por diversos sectores sociales. Esta situación evidenció un distanciamiento entre los movimientos campesinos históricos y el Ejecutivo.
Antes incluso de que Rodrigo Paz asumiera formalmente la presidencia, las relaciones con estos grupos no gozaban de plena armonía. El 27 de octubre anterior a su mandato, la Federación “Bartolina Sisa” en Santa Cruz advirtió sobre posibles movilizaciones y bloqueos si no se garantizaba la inclusión activa de las organizaciones sociales dentro del nuevo gobierno. Esta advertencia reflejaba una demanda clara: el reconocimiento del protagonismo social en los espacios políticos decisivos para asegurar una gobernabilidad compartida.
Asimismo, dirigentes campesinos destacaron su papel fundamental en la elección presidencial al señalar que su sector contribuyó decisivamente a obtener una votación superior al 70% en La Paz para Rodrigo Paz. Sin embargo, criticaron que hasta entonces no se les había otorgado una participación acorde a ese apoyo electoral.
El punto de inflexión llegó en enero cuando se logró establecer un diálogo efectivo entre los movimientos sociales antes aliados al MAS y el actual Gobierno para resolver los conflictos derivados del DS 5503. En una reunión realizada en El Alto con representantes de la Federación Tupac Katari se acordó dejar sin efecto dicha norma y se abrió un canal para que estos grupos presenten proyectos productivos financiados por el Estado. Las autoridades enfatizaron que esta iniciativa busca superar enfoques meramente normativos para avanzar hacia propuestas concretas que impulsen el desarrollo rural.
La relevancia histórica de estas dos federaciones es innegable dentro del entramado político boliviano. Por décadas formaron parte del Pacto de Unidad —un bloque social determinante para sostener la estructura política del MAS— desempeñando un papel estratégico tanto en procesos electorales como en momentos claves de conflictividad social. Su capacidad movilizadora territorial fue clave para consolidar poder político especialmente en áreas rurales donde tradicionalmente tienen mayor influencia.
No obstante, este protagonismo también ha estado marcado por tensiones internas derivadas tanto de los conflictos internos dentro del partido azul como por crisis políticas más amplias. Estas dificultades han llevado a la aparición de dirigencias paralelas dentro de ambos movimientos sociales, evidenciando procesos complejos al interior de estas organizaciones históricas.
En suma, el reciente acercamiento institucional entre estas federaciones campesinas y el Gobierno representa un nuevo escenario político que podría redefinir alianzas tradicionales y abrir espacios para atender demandas históricas desde una perspectiva más colaborativa. La coordinación directa con ministerios clave apunta a fortalecer políticas públicas orientadas a mejorar condiciones laborales, educativas y sanitarias en zonas rurales cruciales para Bolivia. Esta dinámica adquiere especial relevancia dado el peso histórico y territorial que poseen estos movimientos campesinos como actores políticos fundamentales dentro del tejido social nacional




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