El mandato del presidente Luis Arce y del vicepresidente David Choquehuanca concluyó con una alocución final a la nación, pronunciada este viernes des
El mandato del presidente Luis Arce y del vicepresidente David Choquehuanca concluyó con una alocución final a la nación, pronunciada este viernes desde la Casa Grande del Pueblo, en presencia de su gabinete ministerial.
Durante su intervención, el mandatario saliente ofreció una evaluación de su gestión, destacando que, a pesar de los múltiples desafíos enfrentados, su administración logró progresos significativos, manteniendo la estabilidad social y fortaleciendo las instituciones democráticas. No obstante los avances en la mejora de la calidad de vida de la población, el presidente reconoció la existencia de tropiezos en otras áreas. En su análisis político, identificó la fragmentación del Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) como el error más trascendental, al debilitar la estructura que por años había sido su principal fuente de cohesión.
Esta organización política, que había liderado Bolivia por dos décadas, sufrió una derrota en las elecciones generales de 2025, resultado de una profunda división interna alimentada por la disputa entre el presidente Arce y el expresidente Evo Morales. Según la perspectiva del presidente saliente, todos los actores dentro de las diversas facciones, desde la dirigencia hasta las autoridades, debieron haber intensificado sus esfuerzos para salvaguardar la unidad del proceso de cambio. Subrayó la importancia de aprender a respetar las divergencias y avanzar a pesar de ellas, argumentando que las diferencias nunca tuvieron un origen ideológico, a pesar de los intentos por presentarlas de esa manera.
Su propia decisión de no postularse a la reelección presidencial, explicó, tuvo como propósito central fomentar la cohesión del MAS, aunque lamentablemente este objetivo no se materializó. El mandatario lamentó que las disputas internas se hicieran públicas rápidamente, escalando hasta desvirtuar su orientación ideológica. Esta situación llevó a que algunos sectores optaran por alianzas con la oposición tradicional en lugar de buscar el diálogo y el consenso con sus antiguos compañeros. Tal escenario, a su juicio, infligió un severo daño moral y anímico a las bases del movimiento, cuyas repercusiones se manifestaron claramente en los resultados de las elecciones de 2025.
Arce también denunció que, en el marco de estas fricciones internas, el sector afín a Evo Morales orquestó una campaña de ataques sistemáticos con el fin de socavarlo política, profesional y familiarmente. Explicó que, durante su presidencia, optó por no iniciar acciones legales contra las calumnias y falsedades proferidas, con el objetivo de no ser percibido como alguien que utilizaba su cargo para fines personales de justicia. Sin embargo, anunció su intención de buscar la rectificación de estas afirmaciones y el esclarecimiento de la verdad a través de los cauces legales, una vez que haya concluido su período presidencial.
Continuando con su análisis, el presidente saliente afirmó que el proceso de cambio sufrió un golpe mortal, y que las diversas facciones contribuyeron a la derrota electoral de agosto, abriendo el camino a la derecha. Las elecciones generales del 17 de agosto vieron a Rodrigo Paz y Jorge Tuto Quiroga, ambos candidatos de la derecha, liderar la primera vuelta. Posteriormente, Paz resultó victorioso en el balotaje y asumirá la presidencia este sábado 8 de noviembre. Arce lamentó que, de haberse superado a tiempo las diferencias, los rencores y las animadversiones, priorizando el proyecto político colectivo, el gobierno popular habría tenido una continuidad prolongada. Considera que el resultado electoral de agosto representa una carga significativa que solo la unidad del movimiento popular podrá mitigar.
El exministro de Economía de la administración de Morales, Luis Arce, rememoró que las fisuras dentro del MAS-IPSP comenzaron a hacerse evidentes a finales de 2022, atribuyéndolas a lo que describió como una angurria de poder por parte de Evo Morales. En su opinión, Morales se percibe a sí mismo únicamente en el cargo presidencial y, con el propósito de imponer su candidatura y mantener su relevancia, habría buscado desacreditar la gestión actual para que sus logros no fueran reconocidos. Arce sugirió que esta estrategia sería replicada con cualquier adversario político, buscando generar en la población la percepción de que él es el único salvador del país.
El presidente saliente afirmó que Morales nunca aceptó que él no actuara como un títere, ni toleró el surgimiento de nuevos liderazgos o la democratización del MAS-IPSP,




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