La reciente escalada de tensiones en Oriente Medio, exacerbada por el cierre del estrecho de Ormuz, ha desencadenado un aumento significativo en los p
La reciente escalada de tensiones en Oriente Medio, exacerbada por el cierre del estrecho de Ormuz, ha desencadenado un aumento significativo en los precios de la energía y los fertilizantes. Esta situación no solo tiene repercusiones inmediatas, sino que también plantea un panorama preocupante para la producción agrícola en los próximos años. Según el último informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se anticipa una disminución en la producción de cereales en las naciones de bajos ingresos, que podría alcanzar un 2,3% este año y un 1,7% en 2027.
El impacto de esta crisis se verá reflejado de manera desigual a nivel global. En los países con ingresos medios, se prevé una caída en la producción cerealera entre el 1% y el 2%, mientras que en las naciones más ricas, la reducción será inferior al 1%. Esta disparidad se debe a que los países con menos recursos tienen menor capacidad para absorber el aumento de costos asociado con los fertilizantes y la energía. Esto es especialmente crítico dado que sus reservas son limitadas y su sector agrícola presenta una mayor vulnerabilidad ante incrementos de precios.
A medida que se agrava esta situación, también se proyecta un aumento en los precios de productos agrícolas esenciales. Se estima que el trigo experimentará un incremento del 4,5% en 2026 y más del 7% en 2027; el maíz verá un aumento superior al 3% en 2026 y cercano al 7% en 2027; mientras que el arroz podría elevarse más del 4% en 2026 y un 3% al siguiente año. Otros productos como la ternera, el cerdo y el pollo también sufrirán incrementos significativos.
El contexto adverso descrito por la OCDE y la FAO no solo está relacionado con las tensiones geopolíticas, sino que también se ve influenciado por una desaceleración económica global. Los precios de la energía están proyectados para ser un 33% más altos este año respecto a periodos anteriores, con una reducción esperada del 10% hacia 2027. Por su parte, los fertilizantes podrían experimentar un encarecimiento promedio del 29% en 2026 y del 17% en 2027, lo que probablemente resultará en una menor utilización de estos insumos agrícolas.
Este escenario adverso tendrá consecuencias directas sobre el consumo alimentario, especialmente en las naciones más empobrecidas. Se prevé una contracción o estancamiento del consumo de alimentos básicos, particularmente aquellos de origen animal, lo que llevará a adoptar dietas más económicas. En contraste, los niveles de consumo en países con renta media y alta permanecerán relativamente estables.
Mirando hacia el futuro, los expertos han realizado proyecciones hasta el año 2035. Se espera que la producción agrícola global aumente un 13,3%, alcanzando un valor total estimado de 4 billones de dólares. Este crecimiento será impulsado principalmente por la producción animal (15,1%), aunque también habrá incrementos significativos en la producción vegetal (12,5%) y otros productos acuáticos (11%).
Los ingresos promedio por agricultor están proyectados para mejorar globalmente un 9%, aunque las disparidades regionales seguirán siendo marcadas. Mientras que en países desarrollados se espera que estos ingresos aumenten levemente —de aproximadamente 21.100 a cerca de 22.155 dólares—, las mejoras serán modestas para agricultores en regiones más pobres como África subsahariana o sur de Asia, donde pasarán de unos 930 a unos 1.100 dólares.
En términos comerciales, se anticipa que las importaciones alimentarias aumentarán significativamente para regiones como África subsahariana (55%) y Oriente Medio (34%) hacia el año mencionado. Esto refleja una creciente dependencia alimentaria entre las naciones menos desarrolladas frente a mercados internacionales donde Latinoamérica seguirá dominando como principal exportador agrícola gracias a sus potencias como Brasil, Argentina y Paraguay.
A medida que avanzamos hacia esta nueva década agrícola marcada por conflictos geopolíticos y cambios económicos globales significativos, es evidente que tanto productores como consumidores deben prepararse para enfrentar desafíos complejos e interrelacionados dentro del sector alimentario mundial.



COMMENTS