Gobierno apuesta al “milagro gasífero” para sostener expectativas en medio de crisis económica y bloqueos

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Gobierno apuesta al “milagro gasífero” para sostener expectativas en medio de crisis económica y bloqueos

La situación de las petroleras en Bolivia, especialmente en relación con el campo Domo Osso, se encuentra en un punto crítico. A pesar de que han tran

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La situación de las petroleras en Bolivia, especialmente en relación con el campo Domo Osso, se encuentra en un punto crítico. A pesar de que han transcurrido 50 días desde que se iniciaron bloqueos en el departamento de La Paz, el gobierno no ha logrado ofrecer una solución efectiva. Este estancamiento se produce en un contexto de creciente deterioro económico y la pérdida de confianza en el “plan de salvataje” que se había basado en la premisa de “Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia”. Ante la falta de resultados tangibles, el gobierno ha vuelto a recurrir a un discurso conocido: la promesa del milagro hidrocarburífero como salvación económica, comprometiéndose a no privatizar y a mantener la soberanía sobre los recursos naturales.

En medio de esta crisis, el presidente Rodrigo Paz Pereira ha presentado una propuesta para convertir La Paz en un “departamento gasífero”, lo que implicaría recibir regalías por la producción de gas. En una reciente presentación, mostró un frasco con un líquido etiquetado como Mayaya, haciendo referencia a un nuevo descubrimiento que había sido previamente anunciado por el expresidente Luis Arce. Este pozo fue hallado en una zona del norte de La Paz que había sido objeto de estudios durante años. Sin embargo, hay antecedentes preocupantes; hace una década, se hizo mención del pozo Lliquimuni, que resultó ser improductivo tras ser utilizado como bandera electoral. Expertos han instado al gobierno a proceder con cautela al cuantificar reservas y generar expectativas, señalando que son necesarios estudios más profundos antes de hacer proclamaciones.

El descubrimiento de Mayaya fue realizado con tecnología nacional desarrollada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), pero los avances desde su identificación han sido escasos. En contraste con esta promesa incierta, el proyecto más tangible es San Telmo Norte, ubicado dentro de la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía. A pesar del rechazo popular que ha enfrentado durante años –incluyendo la oposición del actual presidente–, las obras civiles en el pozo Domo Osso X3 se intentaron reanudar en enero de 2026, aunque nuevamente fueron paralizadas a mediados del mismo mes.

El gobierno continúa defendiendo su postura de que Domo Osso X3 está fuera del área protegida, una afirmación ya sostenida durante la administración anterior. No obstante, persiste la falta de información sobre el desarrollo completo del campo Domo Osso, que originalmente contemplaba al menos diez pozos dentro de la reserva. Esta situación ha llevado a la gobernadora de Tarija, María René Soruco, a manifestar su oposición a la exploración petrolera en áreas naturales y proponer su uso para fines turísticos y sostenibles.

Este escenario reabre un debate crucial sobre el futuro del modelo hidrocarburífero en Bolivia. El país ha visto caer sus exportaciones anuales de gas desde más de 6.000 millones de dólares hasta niveles preocupantes debido a la disminución en los envíos hacia Brasil y Argentina. Las reservas certificadas permanecen rodeadas por incertidumbre y la inversión exploratoria se encuentra en niveles históricamente bajos; muchas áreas previamente explotadas están regresando al abandono sin haber desarrollado significativamente su potencial.

La narrativa del “milagro gasífero”, defendida incluso por algunos miembros del oficialismo y sus opositores, parece más una estrategia para gestionar expectativas ante un desgaste político creciente que una apuesta real por la productividad económica. La situación es crítica para YPFB; bajo la dirección del nuevo presidente Sebastián Daroca, existe una necesidad urgente de cambiar el enfoque hacia la producción y alejarse del tema recurrente sobre la escasez y mala calidad del combustible.

Finalmente, sigue sin haber avances claros sobre una nueva Ley de Hidrocarburos que debería acomodarse a los nuevos compromisos exigidos por las circunstancias actuales. La falta de claridad y dirección está generando preocupación entre los actores involucrados y podría tener repercusiones duraderas para el futuro energético del país.

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