En 2006, con la nacionalización del sector hidrocarburífero, se estableció una nueva política para esta industria en Bolivia, designando áreas como Sa
En 2006, con la nacionalización del sector hidrocarburífero, se estableció una nueva política para esta industria en Bolivia, designando áreas como San Telmo y Astillero como zonas de interés para la exploración y explotación de hidrocarburos, según información del Centro de Documentación e Investigación Bolivia (CEDIB).
En 2012, la empresa Petrobras certificó reservas significativas en estas regiones, contabilizando 4,4 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas natural y 163 millones de barriles de condensado. Este hallazgo fue resultado de estudios autorizados desde 2011, cuando se permitió a la compañía brasileña evaluar la viabilidad de proyectos hidrocarburíferos en dichas áreas.
Cabe destacar que en 2007, mediante decretos gubernamentales, los bloques de San Telmo y Astillero fueron oficialmente declarados zonas reservadas para Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). San Telmo, en particular, se caracteriza como una zona no tradicional sin antecedentes previos de actividad petrolera.
El marco legal para la exploración y explotación hidrocarburífera en territorios indígenas y áreas protegidas ha sufrido diversas modificaciones. En 2014, se promulgó un decreto que estableció mecanismos de compensación financiera por impactos socioambientales en comunidades indígenas y campesinas. Posteriormente, en 2015, se emitieron nuevos decretos que permitieron la apertura de parques nacionales y áreas protegidas a actividades petroleras, generando controversias y conflictos con las comunidades locales, quienes demandaron mayor transparencia e información sobre los proyectos en sus territorios.
En ese mismo año, se introdujeron cambios en la normativa de Consulta Previa, otorgando al Estado la facultad de decidir en caso de ausencia de respuesta por parte de las comunidades afectadas. Además, se firmaron acuerdos internacionales para la exploración de gas y petróleo con empresas como Petrobras y Gazprom, extendiendo la colaboración hasta 2030 en áreas como Sunchal, San Telmo y Astillero.
Paralelamente, en 2013, mujeres de la Reserva de Tariquía comenzaron a desarrollar actividades productivas como la apicultura, en un esfuerzo por fortalecer la defensa y sostenibilidad de sus territorios frente a los proyectos hidrocarburíferos. Esta dinámica refleja la complejidad y los múltiples actores involucrados en la gestión y explotación de los recursos naturales en Bolivia




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