La asunción de Rodrigo Paz a la Presidencia de Bolivia significó más que un simple cambio en el liderazgo político; representó el cierre de una etapa
La asunción de Rodrigo Paz a la Presidencia de Bolivia significó más que un simple cambio en el liderazgo político; representó el cierre de una etapa y el inicio de un proceso de transición aún en desarrollo. Tras su victoria en la segunda vuelta electoral del 19 de octubre de 2025, Paz puso fin a casi veinte años de gobiernos del MAS, caracterizados por la concentración del poder, el debilitamiento de las instituciones y una corrupción que minó la confianza pública.
Economista de formación, exalcalde de Tarija y senador, Paz surgió como un candidato inesperado. A pesar de no contar con un amplio respaldo en las encuestas previas, su desempeño en la primera vuelta del 17 de agosto y su posterior triunfo con el 54,96% de los votos frente a Jorge Quiroga reflejaron un cambio en el sentimiento social. Su fortaleza radicó en conectar con sectores rurales y periurbanos, tradicionalmente afines al MAS, a quienes ofreció un discurso menos ideológico y más pragmático, centrado en el orden económico, reglas claras y un Estado funcional.
Su lema “capitalismo para todos” sintetizó su propuesta, que incluía créditos accesibles, alivios tributarios, apertura económica y descentralización de recursos, como respuesta al desgaste del modelo estatista vigente. En lugar de prometer una ruptura abrupta, Paz planteó una corrección de rumbo tras la crisis económica más profunda en cuatro décadas.
El simbolismo acompañó sus palabras. Al cuestionar la Casa Grande del Pueblo, el palacio inaugurado en 2018 con un costo de 34 millones de dólares, Paz destacó la contradicción entre la exaltación de los próceres de la independencia que adornan el edificio y la falta de coherencia de quienes gobernaron durante dos décadas. Señaló que, mientras se levantaban monumentos al poder, el Estado carecía de recursos y capacidad para enfrentar emergencias como las inundaciones que afectaron a Santa Cruz en diciembre de 2025.
Las primeras acciones de su administración reforzaron la percepción de un cambio de ciclo. La creación de una comisión para investigar la corrupción durante los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce, junto con el inicio de un proceso judicial contra este último, simbolizaron el fin de la era socialista.
Paz asumió el poder sin contar con una estructura hegemónica, pero con un mandato claro: restaurar la institucionalidad estatal y devolver previsibilidad a la política. La transición está en marcha, y su éxito dependerá de la capacidad de este giro político para consolidar la reconstrucción institucional y garantizar una estabilidad duradera




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